jueves, 14 de junio de 2007

LA RESPONSABILIDAD PROFESIONAL


LA RESPONSABILIDAD PROFESIONAL

EN LOS CENTROS EDUCATIVOS

Publicado en Actualidad Docente Nº 245


Actualmente las familias pretenden que la educación sea una asistencia resultista, encontrandonos en el riesgo de caer en dos situaciones nada deseables; por un lado, convertir al titular en el garante exclusivo del funcionamiento exacto y puntual de un sistema educativo, y por otro, en el único encargado de velar por la administración de los recursos humanos y materiales con el fin de lograr unos resultados, que en la práctica, nadie puede garantizar.

Además la responsabilidad de las familias se desplaza progresivamente al centro que, cada vez más, asume la función de cumplir responsabilidades más amplias hasta casi invadir la totalidad de la vida del niño desde los tres años hasta la adolescencia.

Es necesario romper la en ocasiones presumida, relación de causalidad entre la no consecución del resultado alcanzado, sea académico, sea conductual o sean ambos y la actuación negligente del centro y sus profesionales. Por ello estimamos que sería adecuado determinar una serie de protocolos de actuación que estableciesen pautas seriadas acreditativas de la correcta o incorrecta actuación del centro.

Hay que ir poco a poco, llevando las cosas a que, como en otras profesiones, sea el particular y no el centro quien acredite, primero la existencia del daño, después la relación de casualidad y, en último lugar, lo que quizá pudiera ser vulneración de la "lex artis". En la actualidad, y yendo al ejemplo práctico y cotidiano, la familia acude a la inspección educativa y ésta, en consecuencia, actúa sobre el centro para constatar lo que simplemente se le transmitió personal o, en ocasiones, telefónicamente.
Como consecuencia de cuanto antecede pensamos que quizá fuera oportuno ir desarrollando un derecho mínimo que podría estar basado en:
  1. La obligatoria manifestación de los padres, en el momento de la matrícula, de que han puesto en conocimiento del centro todo lo que el colegioi debe conocer para la adecuada educación de su hijo.
  2. Un informe acumulativo en el que, arrancando desde la propia matrícula, se iría anotando, no solamente lo que se aprecie de interés a lo largo de la trayectoria escolar del alumno, sino, además, todo lo que de valor estime el tutor que ha manifestado el padre en las sucesivas entrevistas. Partiendo de que la familia no ha de ocultar información, cada anotación debería ir firmada por el tutor, profesor de refuerzo, por el psicologo o por quien la haya recogido y este documento que sería propiedad del centro, tendría que ser admitido como instrumento probatorio.
  3. Unos protocolos de actuación profesional que, aunque en un principio puedan parecer ilimitados, podrían, partiendo de los de mayor entidad y frecuencia, ir buscando que ante situaciones similares todos los centros y sus profesionales actúen de la misma manera. Sería deseable que estos protocolos estuviesen avalados o, en todo caso, consensuados, por la administración o, por lo menos, por organizaciones de centros o instituciones pedagógicas de reconocido prestigio.